12 ene. 2015

Miss Maier

Regalo de mis súper Reyes Magos 
Conocí el trabajo de Vivian Maier por casualidad, como se conocen las cosas que merecen la pena. 
Se exponía su trabajo en Valladolid, y allí que me planté con mi madre, sin saber qué iba a encontrarme. Salí fascinada y completamente enamorada de las fotografías de esa mujer. Lo que no sabía era su historia; la historia de una persona solitaria que murió sin dar a conocer al mundo su arte. ¿Por qué alguien con semejante talento lo mantendría oculto toda su vida? ¿Por qué pasaría hambre y necesidades pudiendo haber ganado dinero con sus fotografías? Os recomiendo que, si os pica la curiosidad como me pasó a mí, veáis el documental Finding Vivian Maier. No os dejará indiferentes.








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2 ene. 2015

2014, ¿eres tú?

estas fotos y más en mi Instagram

Empecé el año desenterrando un dinosaurio en la mesa de la cocina. Enero ya me daba pistas: 2014 iba a ser un año diferente. Me leí un libro gracioso pero apestoso: "El arte de tirarse pedos", y casi se me escapa alguno de la risa. Además volví al Museo del Romanticismo de Madrid por 2891ª vez, y me volví a enamorar.
En febrero celebré San Valentín haciendo un corte de mangas al amor, porque nuestra relación está un poquito resentida. Espero que en 2015 se porte mejor conmigo. Pero también fue el mes de cumplir sueños: vi a los Backstreet Boys en concierto. Ahí estaban, buenorros y bailongos. No me lo podía creer. Reviví cada brinco y cada gallo que pegué en los 90, a escondidas en mi habitación. As long as you love me, decían.
Marzo en Madrid pareció verano. Me fui de picnic con mi querida amiga Lidia, y como no podía ser menos... nos llevamos a nuestros dinosaurios con nosotras. También nos leyó la mano una señora gitana llamada Susana, que vaya morro que tenía la señora, pero de las experiencias se aprende y ahora cuando escucho el nombre de "Susana" salgo corriendo. Además me vino a visitar Paula, releí Jane Eyre, y probé el Bubble Tea. 
En abril Janis y yo cumplimos años. No sé cómo lo hace el tiempo para pasar tan rápido, pero aunque cumplí 27 recibí regalos de Hora de Aventuras y unicornios. No quiero crecer, porque no quiero que empiecen a regalarme calcetines o colonias. Me niego. Ah, y vi el musical de Los Miserables en el Teatro Calderón, y lloré lo mío, y lo de mi prima, y lo de la prima del apuntador. Qué maravilla.
Mayo trajo nuevas amistades y viajes muy especiales en los que encontré cajas olvidadas llenas de fotografías. También pude conocer a Aitor Saraiba, y desde ese día me considero una fans incondicional. 
Junio fue un mes regulero. Yo no lo pondría en esta lista, pero se merece una pequeña mención: me di cuenta de que algo iba mal, y me prometí cambiarlo. Además me llegó un detalle precioso de parte de Instagram, y eso me hizo darme cuenta aún más de que las cosas merecían la pena.
En julio mis padres unieron sus dedos índices, y yo les bajé la luna un ratito. Viajé, conocí autores extraordinarios en el Celsius 232, y me arruiné comprando libros. También recibí un regalo que no esperaba, y se me cayeron un montón de lágrimas desde los ojos a las mejillas. Hicieron clín.
En agosto parece que me tomé la cosa en serio y empecé a perder kilos de angustia y patatas fritas. Nunca pensé que podría lograr hacer lo que hice, pero imagino que hasta yo podía hacerlo. Además tuve la suerte de visitar el Teatro Calderón, aquel en el que disfruté y lloré en abril, cuando estaba completamente vacío. Hice fotos, cotilleé y aluciné pepinillos.
Septiembre se pareció a agosto, pero con lluvia y con anuncios de la vuelta al cole. Celebré con Janis el cumpleaños de Freddie Mercury, y lo pasamos bomba.
En octubre me pinté el brazo de forma permanente. Bueno, que no me lo hice yo, yo solo lo pagué y lo sufrí. Ahora dos rosas me salen del brazo todos los días. También vi a Lidia después de todo el verano sin jugar con nuestros dinosaurios, pero cada vez que nos vemos parece que no hubiera pasado ni media hora. Y conocí a gente extraordinaria en un desayuno que nos supo a rechupete.
Noviembre trajo cosas malas, pero también fue el mes en el que viajé a Bilbao para hacer algo que no había hecho jamás: hablar en público en unas jornadas literarias. Yo, ahí, delante de gente que me escuchaba. A mí. Fue algo maravilloso aunque casi me hago pipí en los pantalones, pero la mesa nos tapaba de cintura para abajo así que no se me habría visto. También recibí oportunidades geniales, y las cogí todas al vuelo, por si acaso. Ah, y me emborraché en Chueca.
Y llegó diciembre, que es cuando tendría que haber subido este post, pero como en todos los meses del 2014 siempre dejé las cosas para el último momento. Lo cierto es que me considero muy afortunada porque tengo a personas increíbles a mi lado, y me quiero quedar con eso.
Adiós al equipaje innecesario. Yo quiero empezar 2015 con lo puesto.
Gracias por haber formado parte de ello.
Feliz vida a todos.
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